En memoria de José María Troya

El pasado 6 de abril de 2016 falleció, a la edad de 64 años, José María Troya, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Málaga. Impulsor incansable de la Informática y del papel que ésta ha de jugar en nuestra sociedad, José María ha sido una de las personas que más influencia ha tenido en el desarrollo de la informática en España en los últimos 30 años.


1238402095_josinfmSus comienzos académicos se remontan a la Universidad Complutense de Madrid, en donde se licenció en Ciencias Físicas y donde alcanzó el título de doctor en junio de 1980. Allí comenzó su carrera docente e investigadora, siendo profesor de dicha universidad hasta obtener la cátedra en la Universidad de Málaga en 1989, y en donde se incorporó con la misión de organizar los estudios de Informática que en ese momento se estaban implantando.

Dirigió el departamento de Lenguajes y Ciencias de la Computación de la Universidad de Málaga desde su llegada hasta 1998, convirtiéndolo en uno de los más grandes y destacados de la Universidad. Se encargó de afianzar los entonces incipientes planes de estudio, ordenar las enseñanzas y consolidar la investigación del departamento, pues siempre estuvo firmemente convencido de la importancia que la actividad investigadora tiene para garantizar una docencia universitaria de calidad.

Ocupó el cargo de Vicerrector de Campus e Infraestructuras de la Universidad de Málaga entre 1998 y 2003, asumiendo posteriormente la dirección de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática para convertirla en el Centro de referencia en España que es hoy. Como director de la Escuela le tocó liderar otro cambio sustancial como fue la incorporación al Espacio Europeo de Educación Superior, con la definición e implantación de los actuales planes de estudio de las titulaciones de Informática.

La investigación siempre fue su gran pasión, siendo capaz de crear uno de los grupos de investigación en ingeniería del software más fuertes y reconocidos actualmente, con más de cien investigadores de prestigio y con innumerables publicaciones, proyectos de investigación y actividades de transferencia tecnológica. Dirigió casi 30 tesis doctorales y sus discípulos académicos se encuentran distribuidos por toda España. A lo largo de su carrera recibió numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el premio Aritmel, que le fue concedido en 2012 por la Sociedad Científica Informática de España (SCIE) por sus aportaciones científicas en el área de la Ingeniería Informática.

Durante los últimos años había estado centrado en la creación del Instituto de Tecnologías e Ingeniería del Software, del que era actualmente su director, pues concebía este tipo de estructuras como piezas clave para lograr el tipo de investigación y transferencia tecnológica que demanda actualmente la sociedad.

José María fue también un excelente gestor de la investigación, algo que demostró sobradamente durante su labor al frente del plan nacional en informática. Por un lado, su visión y su estrategia eran admirables, así como su gran sentido común y su apuesta constante por la calidad y la excelencia, aspectos que siempre marcaron tanto sus decisiones como sus actuaciones personales. Muchos de los criterios que él puso en marcha aún sirven hoy en día como base para dirigir y gestionar nuestros proyectos de investigación. Por otro, José María siempre fue una persona de consenso, capaz de defender con convicción sus opiniones al tiempo que sabía escuchar y aceptar las de otros. También fue uno de los fundadores de muchas actividades que constituyen las bases de nuestra comunidad científica, como son las Jornadas de Ingeniería del Software y Bases de Datos (JISBD) o la propia Sociedad Nacional de Ingeniería del Software y Tecnologías de Desarrollo de Software (SISTEDES) de la que fue socio fundador.

Pero además de todos sus éxitos profesionales, y del impulso que supo darle a la Informática en España, sin duda la faceta que más recordaremos de José María es la personal. Su talante amable y conciliador, sus consejos, su gran elegancia y su impecable integridad fueron siempre distintivos suyos. Comprometido con su familia y con sus amigos, siempre tuvo una palabra amable con todos y siempre estuvo dispuesto a colaborar en todo lo que se le pedía, ayudando en donde se le necesitaba de forma generosa, discreta y desinteresada.

Hoy la Informática de España llora a un buen científico, a un buen gestor, a un buen universitario, pero sobre todo, a una gran persona.

Descanse en paz.